domingo, 20 de febrero de 2011

La clínica de la etimología


por José Vieyra Rodríguez


En las últimas décadas, se dejan ver innumerables interpretaciones psicoanalíticas del lenguaje, un séquito clerical del ilustre psicoanalista Jacques Lacan deifica cualquier fórmula, matema, grafo o frase delirante del maestro francés. Con una enseñanza tan basta como la del hilarante psicoanalista francoparlante, se puede llegar a justificar casi cualquier disparate lingüístico, y bajo el escudo de la lingü(h)isteria y lalengua, hacen y deshacen para hacer decir teóricamente lo que les venga en gana. La exageración es intencional, por supuesto que bajo la escuela lacaniana existen incontables pensadores dignos de ser escuchados, con propuestas y trabajos verdaderamente sagaces.

Aquí me intento referir exclusivamente a un fenómeno cada vez más común, aquél que busca la confirmación teórica del psicoanálisis en la etimología, y que no le importa llegar a comparaciones sumamente forzadas y sin sustento real.

Comentaré un caso que es bastante común y el cuál desde hace años he escuchado, me refiero a la interpretación “etimológica clínica” de la adicción. Prestos a jugar con las palabras algunos psicoanalistas se aventuran a descomponer rápidamente dicha palabra en a-dicción, después aclaran que el prefijo a– denota privación, mientras que –dicción es precisamente decir, por lo tanto la adicción es la manifestación sintomática de lo “no dicho”, aquello que no ha pasado por la practica lenguajera del ser parlante.

Ya subidos en el tren de la teoría, podemos conjeturar, junto con Néstor Braunstein en su libro Goce: Un concepto lacaniano, que la adicción no sólo tiene que ver con lo no-dicho, sino que además ese a refiere a aquello que Lacan designó objeto a, ese resto que se produce tras el discurso del amo, y que “por la función de la palabra, por el discurso, se obtiene un saldo fugitivo de goce que es a, un a que por definición es inaccesible para el sujeto” (p.p. 275). Si no estamos conformes podemos continuar y deslizarnos ya en la resbaladilla teórica que hemos subido, así se puede especular que “la a-dicción no es tan sólo una renuncia a pronunciar las palabras que representarán al sujeto para el Otro exigente…sino que también sucede así cuando el Otro no dice, ni espera, cuando el Otro calla” (p.p. 281), por eso también es lícito escribir A-dicción, el Otro ha dejado de hablar, el orden simbólico no responde a la llamada del sujeto, o peor aún, no pide nada tampoco, así es cuando el Otro lo único que dice es “Haz lo que quieras a mí no me importa. Ni te hablo ni te escucho” (p.p. 282) en el caso del sujeto hablaremos de a-dicción, cuando “de la abolición del sujeto queda como resto, el cuerpo hecho objeto” (p.p. 283).

Resumiendo, se toma la palabra adicción en dos facetas, primero se propone como punto de partida la etimología, damos por supuesto que a– es un prefijo y significa privación, y –dicción es decir, después se mezcla teoría previa y etimología, como resultado tenemos la a–dicción que tiene que ver son la privación del decir del deseo, que queda como resto incomunicable y se pega al cuerpo, también tenemos la A-dicción, cuando el Otro no habla ni escucha. Hasta aquí la teoría es no sólo magnífica, sino poética.

Ahora la aclaración pertinente, etimológicamente adicción proviene del latín addictio -ionis, cuyo significado es adjudicación o condenación, a su vez tenemos que addictus –um, significa esclavo por deudas. Una posible explicación es que los romanos hacían una subasta en donde regalaban esclavos (prisioneros de guerra) a los soldados que tras la batalla pelearon bien, por ello los addictus eran esclavos. En otras palabras, se adjudicaban la propiedad de los derrotados.

Con lo anterior, podemos construir también especulaciones teóricas al respecto de las adicciones y el adicto, pero lo que realmente me interesa rescatar es la problemática de la etimología. Revisemos porqué en adicción no puede ser un prefijo a–, el cual se dice que es un privativo. Tenemos, pues, que el privativo a– es griego y –dicción que hacen referir a dicctio –onis que significa expresión y acto de decir, es latín. Esto es un error simple, que se explica de la siguiente manera, el prefijo privativo a– se antepone a palabras que también son del griego, como –teo (griego theos: dios), –poría (griego poros: vía, salida) o –simetría (griego metrón: medida), para formar ateo (sin dios), aporía (razonamiento sin salida) y asimetría (sin medida, sin correspondencia). Aunado a que no solamente una es griego y la otra latín, también es pertinenete mencionar que el prefijo privativo en latín es in– como lo vemos en insensato (lat. Insensātus), indócil (lat. Indocĭlis), etc., por citar dos ejemplos. Si se quiere remitir a partir de una etimología al respecto de lo no-dicho, sería la palabra "indecible", pero ya no se logra el juego de palabras con adicción.

Sigamos aclarando, tenemos algunas palabras que el aprendiz puede comprender equivocadamente, por ejemplo, informe no significa "sin forma" (latín y griego) sino que proviene del latín informare que es educar, comunicar.

Caso especial y mención aparte merece inmoral y amoral, palabras en que efectivamente se componen utilizando ambos privativos pero con la terminación latina, pero cabe aclarar que incluso aquí vienen a significar algo totalmente opuesto, mientras que amoral designa aquello carente de carácter moral, lo inmoral es aquello que va en contra de la moral. Por supuesto, moral proviene del latín mor- oris que significa costumbre, pero aquí la palabra sí se forma con un prefijo griego y una terminación latina. Hasta donde he podido investigar, es el único caso (para una revisión más exhaustiva de la etimología y problemáticas de la misma remito al lector al artículo Una falsa solución al origen de la ética).

Claro está, con esto no pretendo invalidar toda la teoría psicoanalítica con enfoque lacaniano de la adicción, es útil, de hecho se sostiene por sí misma y desde su campo teórico responde adecuadamente, sin embargo, mi crítica va encaminada al paso por alto de ciertas sutilezas que dan por hecho solamente por que así lo quieren, de acuerdo estoy con que el maestro francés si sabía hacer algo era malabarear las palabras hasta hacerlas decir lo impensable, pero también aceptemos que él sabía bien que no era una práctica etimológica, cuando lo hacía pocas veces remitía a la etimología como fundamento primero.

Desde la clínica, podemos construir edificios conceptuales y teóricos ricos y bastos por sí mismos, sin necesidad de fundamentarnos en falsas concepciones, haciendo parecer que la teoría misma ya estaba ahí desde antes de ser expuesta por el psicoanalista, cuando sabemos, no es así. El caso aquí tratado no es el único, simplemente lo utilicé para ilustrar algunas consideraciones, puesto que se me ha vuelto recurrente escuchar este tipo de interpretaciones etimológicas que parecen estar más cercanas al delirio que a la supuesta realidad etimológica que plantean.

Concluyo, la legitimación de la teoría es equivocado buscarla fuera del propio marco conceptual, pues corremos el riesgo de fundarla en errores y construir ahí nuestro bello edificio. Sin el ánimo de contradecir la teoría, insisto en señalar el error que, por cierto, no es intencional, pues si así lo fuera, no habría mayor problema que comenzar diciendo “es una falsa etimología, pero me da la gana y me sirve…”. Para finalizar, quiero comentar que en algún otro momento escribí al respecto de problemas etimológicos en la teoría psicoanalítica, pero en una concepción totalmente diferente, enfocándome en una mala traducción e interpretación, el artículo lo llamé La infértil polémica de un vocablo latino en psicoanálisis, con resultados totalmente diferentes a los expuestos aquí.


9 comentarios:

  1. Pero quizá lejos de la etimología esté el “representante fonético” por el cual el sujeto se apega, es decir, al escuchar “adicción” en el sujeto queda troquelado (independientemente de la etimología que bien explicas) como remanente idiosincrático lo que para todos (o algunos) significaría el prefijo “a” (sin) y la terminación “dicción” (palabra), o como por ejemplo se juega con la palabra (independientemente de la etimología pero si tomando en cuenta la carga afectiva que pudiese llevar) cuando uno afirmaría cualquier otro “malabarismo lacaniano” que por el momento no se me ocurre.
    Saludos!

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  2. La gran mayoría de los adictos (y de las personas) no tienen idea de esa distinción que tu mencionas, y la teoría lacaniana se basa en el representante fonético (no así la hetimología correcta) por lo tanto cualquier sujeto puede caer presa de la a-dicción simplemente por lo que para él representa esa a-dicción, ese sin-palabras.

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  3. Hola:

    Bueno, en primer termino remarco que mis comentarios están encaminados a los teóricos y no a los pacientes, como dije, la teoría se puede mantener sin recurrir a supuestas etimologías y legitimarla desde allí.

    En segundo momento, dudo mucho que "la gran mayoría de los adictos" siquiera lleguen a pensar por un momento que a-dicción es sin-palabras, esto es puramente teoría.

    Como escribí en el artículo, la teoría lacaniana trabaja con el significante y no con el significado, pero adjudicarle un significado desde una suposición erronea y sólo porque me viene en gana para justificar mi teoría me sigue pareciendo innecesario y erróneo.

    Saludos a ambos y gracias por comentar.

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  4. Bueno, ya no sé bien que escribir porque encuentro como varias cosas que comentar. Primeramente la distancia que pongo por las teorías lacanianas y sus creadores cuando los leo y los encuentro por demás dando soluciones y puntuando a problemáticas como diciendo: señores, aquí está el alfa y el omega de la cuestión.
    Segundo. Reducir el problema clínico de lo que de generalmente se llama adicciones o toxicomanías a una imposibilidad de hablar sobre el deseo o que el deseo sea dicho o que el otro u Otro metafísico que no sé a ti pero a mi me habla todo el tiempo, te deje de hablar me parece peligroso pues dejas de lado muchas determinantes. No dejo de observar que efectivamente 1) Hay un lado fantasmático sexual de por medio que corresponde al psicoanálisis vérselas con él, 2) que no he leído el trabajo del Sr. Braunstein pero a pesar de que le he descubierto alguna mentiras en otros textos, le doy el crédito de que parece ser alguien que ha de conocer las observaciones que haces sobre el latín y el griego sin embargo, le pido a Jebús que así sea, algún referente clínico ha de tener para no estar nada más jugando con el significante adicción y hacerlo decir lo que quiere, ¿o sí? y 3) es probable que lo que hace él y alguno otro es lo que podría llamara como un remanente de la forma de operar en la psiquiatría clásica y contemporánea. Usan términos para llamar a los cuadros/trastornos/estructuras/enfermedades/posesiones que sean descriptivos de al menos UN elemento, signo, síntoma que aparece en ellos, para ejemplo: esquizofrenia, neurosis obsesiva-compulsiva (gracias Freud). Así la “a-dicción” es lo que el señor Braustein y toda la gente bonita que lee a Lacan quiere resaltar sobre. Bueno ya.

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  5. acaso lo lacaniano funciona con los pacientes o más allá de lo teorico? que hueva me dan los lacanianos con sus terminos rebuscados

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  6. Y, en ese sentido, ¿no es el adicto un esclavo de sus impulsos, de sus deseos, de sus emociones?

    La búsqueda de estas satisfacciones lo lleva a actuar por fuera de la razón (o jugando con las palabras, lo lleva a la su-rrazón). El a-dicto, que no quiere que nadie le diga nada, hace las cosas por im-pulso (¿falta de presión sanguinea quizá?)

    Algo que no debemos olvidar es que, el lenguaje, aunque lo compartamos, y aunque intentemos interpretarlo, no es lo mismo para el que habla como para el que escucha. Cada quien habla su propia lengua. Quizá acaso el a-dicto entienda su adicción de una forma diferente.

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  7. Hola, intentaré responder a sus comentarios:

    Ricardo: No dudo que Braunstein tenga una basta experiencia en la clínica y que de ahí vengan muchas de sus ideas, lo que señalo es que parte de un error fundamental al elaborar parte de su teoría desde la etimología, bastaría con decir que está jugando con el significante y que sabe bien que es una falsa etimología, después se puede decir lo que se quiera, ya se está alejado de una disciplina tan estricta como lo es la etimología.

    Anónimo: Estoy seguro que el psicoanálisis lacaniano tiene efectos, no sé si funcione, por que no sé si se plantea algo de antemano como para evaluar funcionalidad, pero es un hecho que tiene efectos en el analizante. Aquí no critico ni pongo en duda al psicoanálisis lacaniano, sino tan solo a un término que se ha vuelto común dentro de esta teoría.

    David: Como bien dices, se puede elaborar una teoría diferente desde la etimología de "esclavo", pero aquí no es mi intención proponerla, sino únicamente poner algunas anotaciones al respecto de un término mal aplicado. Estoy de acuerdo contigo, la palabra no es de quien la habla, pues al dejarla salir ya no le pertenece, pero tampoco de quien la escucha, pues solo significará lo que con él mismo tenga referencia, en ese sentido, un significante es lo que representa a otro significante, como vituperaba Lacan.

    Saludos a todos y gracias por comentar.

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  8. Creo que independientemente del origen griego o latín de la A- diccion o del A- dicto, en nuestra realidad y en mi experiencia de trabajo con esta población, si es determinante la ausencia de palabra, el no poner en el lenguaje lo que esta reprimido, puede desencadenar esta manifestación, porque recuerden que lo que logra la diferenciación del individuo al sujeto, es la introducción del lenguaje, y que este lo encarna la figura del Nombre del Padre, quien es el que logra diferenciar al niño de su madre, y lo introduce por vía lenguaje al orden simbólico. entonces sin el Otro del lenguaje, sin la Forclusión del Nombre del padre, el sujeto no tiene otro retorno que el ser individuo, osea puro goce, puro instinto, pura demanda y el sin palabras.

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